¿Se puede amar un videojuego? ¿Añorarlo, olvidando cualquier
defecto que pudiese tener, cuando se sabe que no se va a poder volver a jugar a
él? ¿Estar dispuesto a hacer sacrificios que otros considerarían irracionales
para volverlo a disfrutar aunque sólo fuese un día más?
Jugar a videojuegos no es hobby cualquiera. Es un hobby que
supone dedicar una parte muy importante de tu tiempo. Un hobby que implica
desconectarse de la realidad durante largos momentos y que no siempre se puede
compartir. Por ello, entre juego y jugador surgen a veces vínculos especiales.
Vínculos creados a partir de unas vivencias que el jugador considera
especiales, únicas. Vínculos que no se pueden buscar, que ocurren de forma
inesperada y se mantienen vivos a lo largo del tiempo.

Amar un videojuego
¿Qué hace que un videojuego nos cale profundamente? ¿Qué
hace que siga presente en nuestras mentes tras años o décadas desde que lo
hayamos disfrutado?
Por mucho que les pese a los desarrolladores, no existen
unas reglas definidas que permitan saber por qué un jugador puede perder la
cabeza por un videojuego. Como siempre que se habla de amor, es algo
intangible, que no se puede controlar, que surge cuando menos se le espera o no
siempre está de acuerdo con los cánones sociales.
Las empresas de
software intentan continuamente conectar con el público proporcionándole juegos
que verdaderamente puedan enamorar; juegos de una enorme belleza visual,
inteligentes, divertidos, de los que resulte casi imposible cansarse. Los
grandes equipos de desarrollo invierten auténticas fortunas en realizarlos y,
sin embargo, rara vez pasan por ser algo más que una diversión pasajera. Algo
efímero, de lo que no te arrepientes, a veces hablas de ello con gusto, incluso
orgullo, pero de lo cual con el paso del tiempo te acabas olvidando o pasa a
ser un nombre más, una historia más, un simple dato en tu memoria.
Porque el amor es algo que no se puede diseñar y es algo
que cada cual percibe de forma diferente, es imposible hacer una clasificación
que permita identificar a esos juegos que han sido los más amados. Se pueden
identificar los más famosos, los más innovadores, aquellos que marcaron una
época, pero seguro que esos juegos no siempre coincidirán con las listas
personales de cada uno.

Mis amores
Creo tanto en el amor a primera vista como en el amor que
surge con el paso del tiempo. He tenido videojuegos que me han enamorado a los
pocos minutos de estar con ellos y otros que han necesitado de mucho más
tiempo para darme cuenta de lo que sentía. Hay incluso alguno que únicamente
cuando ha pasado tiempo desde que lo dejé, me he dado cuenta de lo feliz que
fui con él.
Recuerdo perfectamente las sensaciones que tuve las primeras
horas que jugué en mi DS a TWEWY. Como veía que cada uno de los componentes del
juego, la historia, los gráficos, las mecánicas del juego, incluso el sonido,
todo me parecía maravilloso. También recuerdo cómo según avanzaba su
desarrollo, lejos de parecerme monótono, de desencantarme, cada una de las
novedades que iban surgiendo, nuevas posibilidades, personajes, giros
narrativos, todo me parecía perfecto. Finalizarlo no conllevó ninguna
desilusión, y cuando vi las posibilidades de volverlo a jugar que me ofrecía,
para conocer cada uno de los secretos que contenía y desentrañar cada uno de
los recovecos de su magnífica historia… ese fue un momento memorable.
Con el mismo cariño
recuerdo el gran Knightmare II: The
Maze of Galious. El mejor juego que tuve para MSX. Sólo necesito cerrar los
ojos para volver a recordar esa melodía que sonaba incesantemente cada vez que
estabas en el mapa principal del juego. Y se me ponen aún los pelos de punta al
recordar la música de los enfrentamientos contra los jefes
finales, que se iba acelerando cada vez más cuanto más cerca estabas de derrotarle,
suponiendo el golpe final una satisfacción que me dejaba en un estado de
auténtica plenitud. Volverlo a jugar muchos años después en un PC, con gráficos
mejorados, no hizo sino incrementar el ya grandísimo cariño que siento por él.
Otros sin embargo
sólo los he apreciado una vez ha pasado más tiempo. Únicamente cuando he
probado experiencias similares y he visto que ninguna me llenaba tanto. Juegos
como el Sid Meier's Alpha
Centauri, el Baldur´s Gate 2, el Día del Tentáculo o el Little King´s Story.
Todos ellos son mis
grandes amores en el mundo de los videojuegos. No son muchos, pero para mí son
los mejores. Los defenderé pese a sus deficiencias. Ignoraré el sistema de
grabado del Knightmare II, el dolor de cabeza que podía suponer a veces mirar las
dos pantallas de la DS al mismo tiempo en TWEWY, los problemas de control de
Little King´s Story.
Les perdonaré todos sus fallos, porque al fin y al cabo, el amor es ciego, y no se puede programar.
Les perdonaré todos sus fallos, porque al fin y al cabo, el amor es ciego, y no se puede programar.

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